domingo, 11 de diciembre de 2016

Elena Garro: un homenaje oportuno


Elena Garro: un homenaje oportuno

Recuerdo cuando comencé a estudiar Historia del Arte en la Universidad de la Habana. Tuve siempre la sensación de estar en la carrera equivocada, aunque no he dejado de reconocer el inmenso e inigualable bagaje cultural que otorga una disciplina como ésta. Con todo, yo miraba con el rabillo del ojo y con sana envidia a los estudiantes de Filología. Todos convivíamos, y de hecho, todos siguen allí conviviendo, en el mismo edificio de la Facultad de Artes y Letras. Así, cuando continué mis estudios de maestría en Estados Unidos, escogí graduarme en la especialidad de Literatura Hispanoamericana. Aquí tuve la oportunidad de acceder a un sinnúmero de escritores por mí desconocidos en mi paso por la Universidad de La Habana.

Muy placenteras me fueron, en especial, las clases del boom latinoamericano, impartidas por el excelente profesor Santiago Juan Navarro, pues recordaba perfectamente que para acceder, sobre todo, a las novelas de Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar en Cuba, tenía que acudir a la pequeña pero muy bien surtida biblioteca de Casa de las Américas. En casi ningún otro sitio se hallaban, al menos hasta los primeros años del siglo XXI, disponibles estos autores ni muchísimos más que tendría la oportunidad de descubrir en esta clase.

Por estos días he tenido una maravillosa revelación. De esas revelaciones con las cuales uno corrobora la sensación, (esta vez sí), de encontrarse en el mundo para el que nació. Y es que a mí nadie me habló nunca, ni en aquella clase del boom, ni en otras muy parecidas, de la escritora mexicana Elena Garro. Nunca un profesor la mencionó, ni en el marco de este movimiento literario, ni en el que fue su antesala, ni en el postboom; y si alguno lo hizo, estoy segura que fue sólo para mencionar que Elena Garro estuvo casada por veinte años con el premio Nobel Octavio Paz.

Nadie me dijo que la novela Los recuerdos del porvenir es considerada por la crítica literaria como la primera obra perteneciente al realismo mágico, aun antes de Cien años de soledad. Nadie me habló de una poetisa y una cuentista excepcional que dedicó gran parte de su quehacer a recrear el universo femenino y sus escapismos. Nadie me dijo que había allí, en aquel círculo de hombres que en sus ficciones enaltecían a La Maga o a Remedios la Bella; y que en su vida cotidiana respetaban a esposas dedicadas por entero a asegurar las tres comidas diarias y la paz mental, una mujer diferente. Una mujer que merecía estar intelectualmente a la par de ellos; una mujer que no pudo resignarse a ser la sombra del gran Octavio Paz. Y que por esta razón, fue tildada de loca, de espía, de conflictiva, de enferma mental.

Es imposible acercarse en este humilde homenaje a la obra inmensa de Elena Garro. Sólo valga el mismo para invitar a todos a leer no sólo sus ficciones, sino también los muchos estudios especializados y también los que están dirigidos al lector masivo. Garro es, ni más ni menos, esa Sor Juana del siglo XX. Y yo opino con firmeza que ya nadie podrá decir, luego del merecido “revival” de su obra, que sólo “la peor de todas”, fue la más grande autora de las letras mexicanas.

Hoy, cuando se cumplen cien años del nacimiento de una escritora que ha sido reivindicada desde hace varios años por los que cuentan y dan la última palabra: los lectores, La Pereza Ediciones da inicio a la publicación de su poemario Cristales de tiempo, con edición, estudio preliminar y notas de la Dra Patricia Rosas Lopátegui. Nunca el momento fue más oportuno.
Greity González Rivera
Directora Editorial
La Pereza Ediciones
   

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